Kala y Kuseka llegaron hace unos meses al Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga, después de que el Instituto Jane Goodall (IJG) Congo coordinara sus rescates para ofrecerles una segunda oportunidad.
Kala fue la primera en llegar.
En la aldea de Kimbakala, en la República del Congo, un minero de oro había visto a un cazador transportando una cría de chimpancé dentro de una mochila y decidió comprarla como mascota. Al acudir a las autoridades locales para solicitar los documentos de propiedad, le informaron de que la posesión de chimpancés es ilegal y le aconsejaron contactar con una organización especializada para trasladar a la cría a un santuario acreditado.

El minero avisó a la organización conservacionista HELP Congo, quien solicitó la intervención del IJG Congo, y en coordinación con el Conservador de la Reserva Natural de Tchimpounga y el Departamento Regional de Aguas y Bosques, organizaron la misión de rescate.
Cuando el equipo del IJG Congo conoció a la pequeña chimpancé, comprobó que se trataba de una hembra extremadamente joven, de apenas unos meses de edad y todavía sin dientes.
Aunque su estado general era estable, se mostraba asustada ante la presencia de tantas personas en la aldea. Ante esta situación, el equipo organizó de inmediato su traslado a Tchimpounga.
Una vez allí, decidieron bautizarla como “Kala”, en honor a la localidad donde la rescataron.

Hoy Kala ya ha finalizado su período de cuarentena y ha ido ganando confianza hasta estar lista para ser presentada a los otros bebés rescatados de Tchimpounga. Entre ellos, otro joven que llegó unos meses después: Kuseka.
El caso de Kuseka fue similar. Aunque en esta ocasión, fueron las autoridades congoleñas quienes contactaron con el IJG Congo tras confiscar a un chimpancé cerca de la ciudad de Dolisie (Congo).
Como el Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga era el único lugar seguro donde podían trasladarlo, las autoridades solicitaron inmediatamente la intervención del IJG Congo.

Al igual que Kala, este chimpancé era muy pequeño, tanto que el equipo veterinario de Tchimpounga se sorprendió al descubrir que era mayor de lo que parecía y rondaría el año de edad. Su pequeño tamaño se debía, lamentablemente, al estrés y la desnutrición.
Pese a ello, el recién rescatado mostraba una personalidad alegre y dulce que conquistó a todo el equipo del IJG Congo. Por eso, le llamaron “Kuseka”, que significa “sonrisa” en lingala, la lengua local.

Como Kala, Kuseka ya está aprendiendo a jugar y explorar su entorno con cada vez más confianza.
Gracias a la colaboración entre las autoridades congoleñas, organizaciones conservacionistas y el apoyo de todas las personas socias y donantes del IJG, Kala y Kuseka han recibido una segunda oportunidad.
Cada chimpancé que llega a Tchimpounga representa una vida salvada, pero también recuerda que el tráfico ilegal de fauna salvaje sigue siendo una grave amenaza para la supervivencia de la especie, en peligro de extinción.
Proteger los bosques, combatir el comercio ilegal, y apoyar los programas de rescate y rehabilitación es esencial para que cada vez menos crías tengan que empezar una nueva vida, lejos de sus madres y familias.
Tú también puedes contribuir a protegerlos, haciéndote Soci@ Chimpamig@ o realizando una donación puntual. Porque cada aporte, por pequeño que sea, marca la diferencia en vidas como la de Kala y Kuseka.
Foto de portada: Kala junto a otros bebés rescatados por el IJG Congo en Tchimpounga (©IJG / Fernando Turmo)




